¡Pon filosofía y criterio propio!

Cuando todo nos iguala, la filosofía y el pensamiento propio nos diferencia

En una sociedad ultra competitiva donde la sobreoferta se ha instalado como la normalidad y la hiper preparación forma parte de nuestra rutina, nunca como hoy cuesta tanto diferenciarse y destacar por encima de la media. Conseguir ventajas competitivas suficientes para destacar de la competencia y llegar al consumidor con alguna posibilidad de defender los márgenes es la obsesión de todos aquellos que ejercen tareas de responsabilidad y dirección. Hoy más que nunca, diferenciarse es sinónimo de supervivencia.

Paradójicamente buscamos la diferenciación en lugares al alcance de todos o mediante estrategias que la mayoría pueden obtener o pagar… y lo hacemos tanto a nivel personal como empresarial. Hoy la carrera por la diferenciación se ha convertido en el gran oxímoron de nuestra sociedad: cuanto más hago por diferenciarme, más me parezco a mi competidor.

Hemos asimilado muy bien la necesidad de la diferenciación, incluso le hemos añadido una función cual causa/efecto directo: la diferenciación competitiva, instintivamente le hemos añadido el “sin riesgo” (personal o empresarial); buscamos la diferenciación que nos de la ventaja competitiva en los mercados o en nuestra sociedad pero siempre sin riesgo personal o empresarial; cuanto más poder adquisitivo tengo menos riesgo quiero asumir a cambio de un coste económico.

Hoy “compramos” nuestra ventaja competitiva a cambio de una transacción económica, realizada en ocasiones con esfuerzo: nos compramos un “máster” que nos diferenciará de la media de nuestra promoción/generación, compramos talento para que formen parte de nuestro equipo ganador, compramos estrategias, métodos, experiencias, canales, cuotas, etc. Cuanto más “compramos” menos nos diferenciamos realmente, más grises nos convertimos.

En la abundancia impera el color gris anulador: buscando (y pagando) la diferenciación, obtenemos una “tabla rasa” frente a los miembros de nuestra generación y nuestros competidores sectoriales; incluso me atrevería a afirmar que salvo situaciones excepcionales de optimización de los recursos adquiridos, son aquellos que por circunstancias económicas han quedado fuera de la “compra” de ventajas competitivas los que realmente las encuentran.

Lo cierto es que en esta carrera obsesionada por la diferenciación sin riesgo, hemos olvidado aquello que realmente nos hace diferentes y nos otorga la razón de ser en la sociedad y en los mercados. Nosotros mismos, nuestro modo personal de ser, vivir y entender la circunstancia, nuestra filosofía de vida, aquella que hemos obtenido con nuestra vivencia, la de nuestro entorno y que una vez tamizada por nuestro filtro personal e irrepetible nos hace distintos y realmente diferentes para competir.

Hoy más que nunca en la sociedad de la abundancia (donde casi todo lo podemos comprar) hemos olvidado la filosofía; aquello que realmente nos hace distintos a todos y que nunca se podrá comprar o imitar.

¿De que sirve una carrera profesional sin filosofía o filtro personal propio? ¿Cómo puede hoy en día competir una empresa que carece de filosofía para encarar las soluciones? Ambos son carne de cañón de la competencia voraz y sin escrúpulos preparada para anular cualquier ventaja competitiva que se pueda comprar.

 

¿De que sirve una carrera profesional sin filosofía o filtro personal propio? ¿Cómo puede hoy en día competir una empresa que carece de filosofía para encarar las soluciones?

Lo cierto es que recogemos aquello que hemos sembrado; hemos convertido el camino hacia la excelencia en una industria recaudatoria que promociona los casos globales: diagnósticos globales para soluciones lineales.  Premiamos la gestión sin riesgos que nos proporciona una pauta de conducta estipulada, por encima del criterio propio y las soluciones personales; penalizamos el criterio propio y premiamos la excelencia anuladora de las pautas establecidas, aunque nos hartemos hasta la saciedad de hablar del derecho al error y al fallo.

Somos “carne de cañón” de la propaganda profesional que nos viene importada a través de las redes sociales y medios de difusión de contextos y circunstancias distintas a la nuestra; nos deshacemos cuales teenagers frente a aquellas estrategias perfectamente diseñadas y estructuradas para ser negocio en si mismas.

Lo que más valoro de las personas es su capacidad de aplicar criterios personales, de generar criterio y opinión propia, de vivir con su filosofía particular; son tiempos de tomar riesgos filosóficos, de impregnar todo lo que hacemos con nuestro punto de vista, de decirle al resto de la sociedad, a nuestros competidores y clientes como lo vemos nosotros y en base a ello plantear soluciones. Si no lo conseguimos nunca alcanzaremos la verdadera excelencia, aquella que construye ventajas competitivas sostenibles en el tiempo, que se regeneran y adaptan. ¡Aquellas que nunca nadie podrá copiar!

 

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Antoni Flores

Aquí encontraréis reflexiones y opiniones personales, sobre el mundo de la innovación y las empresas, producto de mi experiencia profesional y como CEO de Loop. ¿Qué significa innovación? ¿Cómo agregar valor a un producto/servicio? ¿Cómo pensáis que una actitud innovadora puede cambiar el destino de una empresa? ¿Y el de una sociedad? El desafío está lanzado y el diálogo abierto. +info

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