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Antoni Flores

Business Models

No es la digitalización la revolución que espera la banca

28 octubre, 2016

No son tiempos fáciles para la banca, en un corto y disruptivo espacio de tiempo todos sus anclajes de seguridad han desaparecido. Hasta el momento, la banca ha encontrado en las tecnologías digitales un nuevo amarre: La digitalización permite más proximidad al consumidor y en especial a los “nuevos consumidores”, la hace más empática a sus necesidades y, a través de las estrategias de movilidad, le permite estar siempre junto a ellos adaptando su discurso al contexto de consumo. Las ventajas que aporta la digitalización, en especial en reducción de costes, eficiencia y facilidad de generar nuevos productos, son evidentes. Sin embargo, por muy importantes que sean estas ventajas todas ellas son un medio y no un fin en sí mismas.

La digitalización está aportando grandes dosis de eficiencia y de concentración de recursos, pero no aporta un cambio en el modelo bancario. La digitalización aporta un muy necesario tiempo y oxígeno para reaccionar a la crisis y mantener el banco a flote, pero no la solución a su flotabilidad.

En busca de la digitalización, vemos como grandes bancos con solera y omnipresentes en la vida de los ciudadanos, piezas clave en la construcción de la “industria bancaria” y olvidando quienes son, tiran por la borda cientos de años de posicionamiento y se arrojan a los brazos de costosas tecnologías digitales, con corta fecha de caducidad. Pocas veces un suicidio ha sido tan bien radiografiado, pocas veces la sentencia de “aquello que se puede comprar no es una ventaja competitiva diferencial” fue tan cierta. Una cosa si es cierta, el anclaje “digitalización” ha alineado de nuevo a todo el sector, otorgándoles un punto en el horizonte a donde dirigir sus naves y ponerse en movimiento.

Dentro del blindado territorio de la banca ha entrado un “caballo de Troya” llamado digitalización, en su interior se encuentra un ejército de destrucción, sus tres armas más importantes son: 1) La igualación de todos los actores que compiten (incluidos los nuevos); 2) el “blanqueo” de las marcas de la industria hacia las marcas y actores del entorno digital y, por último, 3) las estrategias “líquidas” que hacen que todo un entorno estructural enfocado hacia la solvencia se vea sobrepasado por las estructuras ligeras, líquidas y adaptadas a un momento fugaz.

Figurativamente, el sector construyó una “Línea Maginot” basada en las estructuras físicas, robustas y costosas; los nuevos actores, (en especial las fintech) la están sobrevolando para lanzar sus destructivos paracaidistas al otro lado donde se encuentran los clientes, llegando de forma fácil a conectar y facilitar una serie de servicios que están arrinconando a la banca tradicional. Lo realmente sorprendente es que varios de estos servicios de las fintech son posibles gracias a la gran banca en su nuevo papel de industria relegada a un segundo plano comercial. Esta batalla ya la vivimos en el sector de gran consumo, entre la distribución y sus marcas y las marcas del fabricante, “parece” que va ganado la distribución.

En base a lo anterior, la banca ha entrado en un férreo marcaje de los nuevos competidores fintech, aquel que sobresale es adquirido e integrado en la estructura, más como un mecanismo de defensa que fruto de una reflexión profunda y asumida. No hay presa que contenga a un río desbordado y tarde o temprano si la banca no actúa con sus ventajas competitivas naturales el binomio fintech y cliente digital (tan promovido por la banca) la borrará del mapa.

Gracias a la digitalización, los tipos de interés con tendencia negativa, los mercados globales y el exceso de liquidez, la banca ya no tiene clientes; tiene en frente un nuevo híbrido que a su vez es cliente y proveedor. Las personas que demandan productos a la banca son (gracias a sus depósitos) proveedores de liquidez de la misma y es ahí donde radica la auténtica revolución y reside el papel natural de la banca.

En cierto modo es lógico que la banca intente cobrarnos la custodia de nuestros depósitos, ya que ello les genera un coste de gestión; al mismo tiempo nuestros depósitos son parte de la materia prima con que la banca genera su negocio. Si un cliente solicita una hipoteca de 200.000€ a su entidad, en la que al mismo tiempo tiene un depósito de 100.000€ (por el que le cobran la custodia), ¿es lícito que le cobren intereses por 200.000€ o deberían hacerlo por 100.000€? Los tipos de interés con tendencia a cero son un problema para ambos.

Tomar conciencia de que ambos (la banca y el cliente) son al mismo tiempo cliente y proveedor permitirá de nuevo generar sentido de pertenencia, aumentar la fidelidad y reducir los costes de la misma, crear relaciones de larga distancia y construir un futuro conjunto, donde la estructura, la solvencia y la profesionalidad serán de nuevo los aspecto clave. La digitalización serán una parte de las infraestructuras que lo permitirán. Las fintech son sinónimo de intermediación y no hay intermediación posible que aguante esta doble posición de cliente / proveedor donde los activos reales toman de nuevo protagonismo.

“No es la digitalización la revolución que espera la banca”

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Una respuesta a “No es la digitalización la revolución que espera la banca”

  1. Un argumento tan claramente expuesto que ni siquiera una tecnóloga de Internet como yo puede negarle que es cierto. Cuando lo leía me he acordado del sector de telecomunicaciones, y me he puesto a pensar que los bancos tienen el mismo problema, ¡les ha salido un distribuidor, digital, que es más molón para el cliente!

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